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No, este réquiem no es en memoria de un determinado juez de carne y hueso, de cuyo nombre no quiero acordarme, sino más bien es en memoria de un modelo de juez, que en realidad es su contra-modelo. La ejemplar sentencia del Tribunal Supremo debería constituir el acta de defunción de un tipo de juez que, arropado por su popularidad, convertido en una figura del "universo de los famosos", se ve investido de tal poder que le hace creer que está por encima de la ley. Me estoy refiriendo, claro está, a lo que se ha venido llamando "juez estrella", cuya personificación en grado máximo la ostenta el juez de quien no quiero acordarme.
El "juez estrella" es una anomalía para cualquier democracia liberal. Es la corrupción suma de cualquier régimen democrático. Decía Clemenceau que "el juez es el hombre más poderoso de Francia". Y se refería a cada juez, tanto al instructor de un modesto juzgado como al miembro del más Alto Tribunal. Eso es así porque depositamos en el juez la garantía de nuestra libertad, de nuestro honor y de nuestros bienes. Por eso es esencial para cualquier régimen de libertades preservar un modelo de juez, cuyo poder no se convierta en arbitrario y exorbitante, y sirva para lo que es su misión: hacer justicia.
Esa figura de juez es la clave de la bóveda del Estado de Derecho. Montesquieu lo definió como "la boca que pronuncia las palabras de la Ley". Por eso, lo consideraba un poder "neutro", ya que no podía tener otro margen de actuación que su escrupuloso sometimiento a la ley, fuera ésta benévola o severa. Por el contrario -escribía- "en los Estados despóticos no hay ley: el juez mismo es la regla".
El modelo de justicia que aplica la ley exige, en efecto, un determinado tipo de juez: independiente, profesional del Derecho, discreto, honesto, anónimo, "mudo" lo llamó Montesquieu, porque sólo habla a través de sus sentencias. Todos nosotros lo hemos conocido, no sólo en los libros sino en nuestros pueblos y ciudades. Es el juez en quien se puede confiar. Es el juez que consagra su vida a su vocación y que cumple el aforismo británico: "el juez que se quita la peluca no se la vuelve a poner".
El "juez estrella" está en las antípodas de este ideal. Sabemos ya cómo actúa: abandonando su neutralidad, entra en la arena de la política. Busca la fama con métodos perversos, filtrando los sumarios, buscando apoyos mediáticos. A veces, cuelga la toga para volvérsela a poner. Sus sentencias son jaleadas por unos y denostadas por otros. En los últimos tiempos nuestra sociedad ha ido fabricando varios "jueces estrella". Todos hemos caído en la trampa: los mismos jueces, al reproducir en sus asociaciones esquemas ideológicos; los periódicos, cuando informan sobre las sentencias etiquetando a cada juez. Somos en cierto modo culpables de esta degradación de la justicia. La verdad es que este modo de actuar tiene su morbo, es hasta divertido, pero tiene sus consecuencias. Es, para decirlo brevemente, irresponsable y letal para el conjunto de la sociedad.
La impecable sentencia del Tribunal Supremo hace triunfar el principio del sometimiento de todos a la ley. Apartar de la honorable función jurisdiccional a quien la ha transgredido en el ejercicio de sus funciones merece el aplauso... aunque haya merecido la atención de las portadas de los principales periódicos del mundo. Pero, a la postre, es la derrota del "juez estrella", que es lo más saludable para la justicia misma.
Eugenio Nasarre, 15.2.2012
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No lo he escrito yo - ¡ya me hubiera gustado! -, sino Eugenio Trías. Se lo agradezco.
Eugenio Trías
Publicado en ABC el 26.02.2012.
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En un sistema democrático como el regulado en la Constitución española, el Poder judicial se legitima por la aplicación de la ley a la que está sujeto, y no por la simple imposición de sus potestades. De manera que el Estado de Derecho se vulnera cuando el juez, con el pretexto de aplicación de la ley, actúa solo su propia subjetividad concretada en una forma particular de entender la cuestión a resolver, y prescindiendo de todos los métodos de interpretación admisibles en derecho, acoge un significado irracional de la norma, sustituyendo así el imperio de la ley por un acto contrario de mero voluntarismo. La superación del simple positivismo, que pudiera conducir a actuaciones materialmente injustas, resulta de la Constitución y, especialmente, de sus normas sobre derechos fundamentales, que constituyen al tiempo una guía interpretativa y un límite infranqueable. Desde esta perspectiva, la previsión legal del delito de prevaricación judicial, no puede ser entendida en ningún caso como un ataque a la independencia del Juez, sino como una exigencia democrática impuesta por la necesidad de reprobar penalmente una conducta ejecutada en ejercicio del poder judicial que, bajo el pretexto de la aplicación de la ley, resulta frontalmente vulneradora del Estado de Derecho.
Publicado el 17:42 | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
Te arde el corazón
los ojos cansados
el gesto sereno
el ansia suave
de no se sabe qué
Montaigne en su torre
fuera las pasiones
y la servidumbre
togas rojas
soft law
hard law
palacio fascista
racionalista
de signos grandilocuentes
tal vez ridículos
quizá necesarios
"que la crisis económica
no lo sea de la razón"
Eminencia, Cardenal,
las plumas del carabinero
el paro en España
la avvocatura milanesa
el aburrimiento, el deseo
task force
servicio esencial
la tinta
el dinero
nos vimos / nos veremos
en Jerusalén
la legge e uguale per tutti
en bronce y mármol
estamos solos
somos átomos
las leyes de la materia
en efecto iguales para todos
también en Milán
28.1.2012
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JUDGES ought to remember, that their office is jus dicere, and not jus dare; to interpret law, and not to make law, or give law. Else will it be like the authority, claimed by the Church of Rome, which under pretext of exposition of Scripture, doth not stick to add and alter; and to pronounce that which they do not find; and by show of antiquity, to introduce novelty. Judges ought to be more learned, than witty, more reverend, than plausible,and more advised, than confident. Above all things, integrity is their portion and proper virtue. Cursed (saith the law) is he that removeth the landmark. The mislayer of a mere-stone is to blame. But it is the unjust judge, that is the capital remover of landmarks, when he defineth amiss, of lands and property. One foul sentence doth more hurt, than many foul examples. For these do but corrupt the stream, the other corrupteth the fountain. So with Solomon, Fons turbatus, et vena corrupta, est justus cadens in causa sua coram adversario. The office of judges may have reference unto the parties that use, unto the advocates that plead, unto the clerks and ministers of justice underneath them, and to the sovereign or state above them. First, for the causes or parties that sue. There be (saith the Scripture) that turn judgment, into wormwood; and surely there be also, that turn it into vinegar; for injustice maketh it bitter, and delays make it sour. The principal duty of a judge, is to suppress force and fraud; whereof force is the more pernicious, when it is open, and fraud, when it is close and disguised. Add thereto contentious suits, which ought to be spewed out, as the surfeit of courts. A judge ought to prepare his way to a just sentence, as God useth to prepare his way, by raising valleys and taking down hills: so when there appeareth on either side an high hand, violent prosecution, cunning advantages taken, combination, power, great counsel, then is the virtue of a judge seen, to make inequality equal; that he may plant his judgment as upon an even ground. Qui fortiter emungit, elicit sanguinem; and where the wine-press is hard wrought, it yields a harsh wine, that tastes of the grape-stone. Judges must beware of hard constructions, and strained inferences; for there is no worse torture, than the torture of laws. Specially in case of laws penal, they ought to have care, that that which was meant for terror, be not turned into rigor; and that they bring not upon the people, that shower whereof the Scripture speaketh, Pluet super eos laqueos; for penal laws pressed, are a shower of snares upon the people. Therefore let penal laws, if they have been sleepers of long, or if they be grown unfit for the present time, be by wise judges confined in the execution: Judicis officium est, ut res, ita tempora rerum, etc. In causes of life and death, judges ought (as far as the law permitteth) in justice to remember mercy; and to cast a severe eye upon the example, but a merciful eye upon the person.
Publicado el 20:45 | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
Lunático misterio
del fiero ingeniero
sobre el mar
y contra el sol
Moquetas repletas
de insectos eléctricos
ansia alienada
que flota en la nada
liberal
(allí el sentido
ha de ser conservador)
Y el sueño temerario
a lomos del capital
enloquece entre divorcios
cárceles, pistolas
y grasa animal
Pero rezan
y aspiran
y recuerdan
a Dios todopoderoso
su sueño original
sus gestas honorables
Y sonríen
y extienden la mano
y enfundan el revólver
y todo puede ser
23.VIII.2010
Publicado el 17:14 | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
The real debate is about what is enough and what is too much.
Publicado el 11:31 | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
"Everyone should have a political philosophy... it´s good to be a little bit liberal or a little bit conservative, or a lot liberal and a lot conservative. The problems with ideologies is that you´ve got all the answers in advance, so evidence is irrelevant, experience is irrelevant, how the competition is doing is irrelevant".
Bill Clinton, FT, October 15, 2011
Publicado el 11:01 | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)